LA LUZ A LA ORDEN DE LOS PROGRAMAS MIP

2019-03-04T01:44:28+00:00

Hugo E. Ponce Ulloa

ALGUNAS NOTAS SOBRE EL MEJOR APROVECHAMIENTO DE TRAMPAS DE LUZ EN PROGRAMAS DE CONTROL DE INSECTOS.

En un esquema de Manejo Integral de Plagas (MIP-IPM) el trampeo es una de las herramientas base para la obtención de resultados óptimos, siempre y cuando se aplique de manera correcta. No debe olvidarse que la efectividad de los programas se medirá por la falta de observación de evidencia y actividad de plagas y el sistema de control de plagas se debe basar en un análisis de peligros y evaluación de riesgos asociados, para lo cual ha de realizarse un estudio en profundidad y análisis de tendencias, que incluye (con variaciones según esquema):

  • Plagas, número de cada especie capturadas/registradas en un período de tiempo
  • Deficiencias detectadas.
  • Método de detección o captura.
  • Ubicación (área de las instalaciones, número o clave de dispositivo)
  • Época del año.
  • Estudio de evolución de la infestación
  • Reporte de niveles de infestación en cada lapso de tiempo.
  • Niveles de actividad y efectos de la plaga
  • Medidas preventivas propuestas y/o aplicadas
  • Indicadores de la efectividad de las medidas preventivas.
  • Medidas correctivas propuestas y/o aplicadas
  • Indicadores de efectividad de medidas correctivas.
  • Plan de acción y seguimiento.

Con esta información, se debería ser capaz de predecir si una población crecerá o disminuirá, construyendo y usando diversas herramientas como:

  • Tablas de vida. Resumen las tasas de natalidad y mortalidad de los organismos en las diferentes etapas de sus vidas.
  • Curvas de supervivencia. Gráficas que muestran qué parte de una población sobrevive de una edad a la siguiente.
  • Pirámide de sexo y edad. Es una “instantánea” de una población en un momento, en la que se muestra cómo se distribuyen sus miembros entre las categorías de sexo y edad.

Para la obtención de esta información pueden tomarse muestras o hacer recolectas sistemáticas de plagas, para los que el uso de trampas suele ser una excelente alternativa, si se usan como es debido.

Entre las diferentes opciones y tipos de trampas, las llamadas “trampas de luz” suelen ser las más socorridas, pero muchas veces desperdiciadas. En un principio porque se supone que estos dispositivos tienen como función el de “atrapar insectos” y con eso se espera “reducir la población” colocando el mayor número de trampas posibles. Esto se deriva del origen de estas trampas, que se remontan a principios del siglo pasado cuando se publicó en la revista Popular Mechanics Magazine  (octubre, 1911) un prototipo de un precursor para electrocutar insectos, atraídos por una lámpara convencional. A partir de este se han hecho diversas modificaciones y propuestas, que han tenido cierto éxito entre los consumidores.

Estas trampas tienen la limitante de que con el paso del tiempo, los restos de los insectos electrocutados se adhieren en las rejillas, formando una capa de tejido que va reduciendo su eficiencia. Otro inconveniente es el olor desagradable que se despide por la electrocución de insectos medianos o grandes. Por supuesto, no son recomendables en la industria alimentaria pues, aunque se han desarrollado trampas con “electrocución controlada”, siempre existe el riesgo de la dispersión de partes del cuerpo de insectos sobre alimentos o materia prima.

La atracción que ejerce la luz en los insectos ha sido reconocida a lo largo de la historia. Desde Esquilo, unos 500 años antes de nuestra era, hasta el Rey Sudraka, 1000 años después, quienes hicieron referencia a la atracción que una flama puede hacer que una polilla termine incinerada. Esto quizá derivó en el uso de flamas para atraer y controlar insectos plaga de cultivos, principalmente lepidópteros. Cerca del final del siglo XIX, Lubbock observó en hormigas una baja sensibilidad a la luz infrarroja, pero todo lo contrario hacia la ultravioleta; lo que ha sido reforzado en numerosas investigaciones posteriores, con un mayor o menor pico de respuesta en diferentes insectos. Es por eso que las actuales trampas usan para una mejor captación de insectos, lámparas en la longitud de onda inferiores a 370 nm, correspondiente al ultravioleta.

Actualmente la utilidad de los dispositivos de luz es la de medir la efectividad de un programa de control, más que el control mismo, ya que los insectos atrapados en ellas representan sólo una muestra del universo de la infestación. Con esta perspectiva, su colocación se hace aún más estratégica, siendo más recomendable su ubicación en sitios con riesgo de ingreso de la plaga, que en gran cantidad distribuidas uniformemente, como suele hacerse aún.

Suele discutirse también sobre la altura a la cual deben colocarse dichas trampas, la que debe ser entre los 100 y 200 cm, o más o menos a la altura de los ojos, ya que es la altura en la que la mayoría de los insectos vuela y, por otro lado, hace más fácil su revisión. Con respecto al rango de atracción, la mayoría de los insectos serán atraídos por una trampa de luz desde una distancia de 30 metros, las moscas domésticas tienen un rango ligeramente más corto de 6 o 7 metros. Eso no significa que se tengan que colocar trampas a intervalos de 7 a 30 metros, sino que deben ubicarse en los posibles puntos de entrada y elaborar estrategias para encontrar los mejores puntos de intercepción. Algunos auditores externos tienen pautas específicas para instalar trampas a cierta distancia de un producto alimenticio abierto. Independientemente de los estándares o códigos de auditoría, no es una buena práctica colocar una trampa en un área donde pueda atraer insectos a los alimentos expuestos o sobre superficies expuestas a los alimentos.

Dado que las lámparas de las trampas emiten luz en el rango alrededor de 365 nm, con el objetivo de no competir con ellas, es recomendable que en la iluminación interior se usen luces en el extremo más azul del espectro de luz  (450 a 500 nm), como el caso de la luz mercurial. Puede ser útil también usar iluminación en el rango de 575-600 nm, que corresponde a la de las lámparas de vapor de sodio a alta presión. Deben evitarse  las lámparas de vapor de mercurio, que son 112 veces más atractivas para los insectos que la iluminación con vapor de sodio. De esta forma, las trampas son una línea de defensa, utilizando la misma atracción que llevó a los insectos a las instalaciones.

Se ha demostrado que virus y bacterias pueden sobrevivir a la exposición a la luz ultravioleta fuera de un margen estrecho alrededor de los 264 nm en los cuerpos de insectos muertos, fuera del emitido por la luz de las trampas. Por esto, la recolección de las placas adhesivas debe hacerse con frecuencia para evitar contaminación por microorganismos.

Es también recomendable que las trampas usadas en una nave industrial, oficina u otro sitio, sean todas del mismo modelo y potencia, de tal forma que los resultados de la cuantificación e identificación de los insectos sea comparable. Dado que los insectos atrapados en las placas de pegamento son poco útiles para una colección de referencia, suele ser útil el hacer colectas adicionales mediante otros métodos. No obstante, el uso del pegamento reduce el riesgo de que partes del insecto o insectos muertos se lleven a cabo fuera de la trampa a través del movimiento del aire o la perturbación de la trampa.

Las trampas de luz de insectos de aluminio y acero inoxidable (a diferencia del plástico) son prácticamente no porosas y se pueden limpiar y desinfectar de manera efectiva. El uso de plástico frágil en el procesamiento de alimentos está altamente desaconsejado por los estándares GFSI. Donde el uso de plástico es inevitable, el plástico rompible debe incluirse en el registro de plástico quebradizo de la planta y debe inspeccionarse periódicamente para verificar su seguridad.

USO DE TRAMPAS DE LUZ
  COLOCACIÓN FRECUENCIA DE SERVICIO LÁMPARAS
AIB No menos de 3 metros de líneas de proceso o almacenamiento Semanalmente en temporada cálida. Mensualmente en temporada fría Cambio al menos anualmente, a inicio de temporada.
BRC En áreas en las que no exista riesgo de contaminación de alimentos Determinada por al análisis de riesgos Las lámparas deben ser incluidas en la lista de manejo de cristales
NSF Alejadas al menos 2.5 metros de los alimentos Semanal  
SQF En sitios sin riesgo de contaminación a productos empacados, contenedores o proceso Conforme a programa definido en plan de control de plagas.  
FDA Nunca sobre alimentos    
Consulte siempre la versión más reciente de las normas aplicables

Normalmente, estos dispositivos no requieren registro, siempre y cuando no contengan ningún producto plaguicida. Su regulación está orientada a evitar afirmaciones falsas o engañosas, especialmente sobre la efectividad de los dispositivos. Si un fabricante hace afirmaciones sobre un dispositivo, debe tener datos científicos para respaldar los reclamos.

Preferentemente, las lámparas se deben apagar durante  la limpieza e inspección, pero si alguien intenta limpiar o reemplazar las lámparas durante la emisión de UV, los ojos podrían estar expuestos a una distancia de aproximadamente  50 cm durante un minuto por cada accesorio de la lámpara (<30 μJ · cm-2 por trampa). Si esta persona atendiera hasta 100 trampas  en una planta, la exposición ocular total aún no alcanzaría el límite diario de exposición de 3 mJ/cm-2 (3000 μJ/cm-2 ). Según la Comisión Internacional sobre Protección contra la Radiación No Ionizante [ICNIRP, Phys. Phys. 87 (2): 171 – 186 (2004)], el límite conservador de exposición directa es de 1.0 J/cm-2  (1’000’000 μJ · cm-2 ). Es importante recordar que la luz UV-A (entre 320 y 400nm), aunque cuenta con menor energía que la radiación UV-B, es más penetrantes en el ojo y son capaces de alcanzar la retina y dañarla e incluso de producir cataratas. Por ello, es altamente recomendable el uso de lentes protectores, de preferencia claros, conforme a la norma EN 1836:2005+A1:2007 europea, nivel de transmitancia 2 o 3, o la norma norteamericana ANSI Z80.3-2001.

En conclusión, el uso de dispositivos de atracción de insectos con lámparas UV, es una muy buena herramienta para hacer una evaluación de la infestación por insectos, lo que constituye una de los aspectos fundamentales de un programa profesional y sustentable de control de insectos, más allá de la aplicación programada e indiscriminada de plaguicidas. Esto, si se conoce bien el alcance de las mismas y se busca la calidad idónea para lograr los mejores resultados.